Aunque dentro de sus promesas “notariadas” y ratificadas con su firma, Pablito Elizondo afirmó que, mediante un estudio de ingeniería, buscaría resolver el caos vial que ordinariamente se ve por el centro de la ciudad, el asunto ha ido de mal en peor y ni sus luces de que a corto plazo haya una mejoría, sobre todo cuando su Secretario de de Seguridad Pública, Tránsito y Protección Civil ha mostrado servir para tres cosas: nada, nada y nada.
Y afirmo que va de mal en peor porque si bien los policías estatales andan irreconocibles chicoteando la potranca junto con los pocos agentes de Tránsito con que cuenta la corporación, y los automovilistas que adolecen de algún documento ya no hallan la puerta, la vialidad se ha tornado caótica en muchas calles de nuestra sufrida e insegura ciudad de Montemorelos.
Por si Salvador Sepúlveda Trejo o Pablito Elizondo no lo saben -o se hacen-, hay un Reglamento de Tránsito vigente y subido al portal oficial del Gobierno del Municipio de Montemorelos, por lo tanto se dá por un hecho de que está vigente, por lo tanto aplicable por los susodichos, como es su obligación.
Pues bien, en la fracción VIII del artículo 67 de dicho ordenamiento legal se asienta que: “Se prohibe que se estacionen vehículos a la derecha en las calles cuya circulación sea de un sólo sentido”, mientras que en otra parte, como es obvio aquí y en China, no se permite el estacionamiento en doble fila, pero es precisamente lo que más se hace en estas calles de Dios y María Santísima.
Y ni por dónde empezar si nos atenemos a su importancia. Por las mañanas, hay un sinnúmero de vehículos estacionados en doble fila por casi toda la cuadra de Escobedo, de Hidalgo y Colón, y lo mismo por Zaragoza, justo frente a las plazas Hidalgo y Zaragoza, todo ante la complacencia de nuestras ilustres autoridades, llámese del nivel que se llame.
Lo que sí abunda es los lugares en que mañana, tarde y noche hay vehículos estacionados por el lado derecho. Ahí tenemos Allende, de Cuauhtémoc a Libertad (más caótico donde está el Motolinía); 5 de Mayo, desde Libertad hasta Guerrero; Matamoros, de Libertad a Libertad ( es decir, toda); más notablemente la calle Bustamante, de Guerrero a Zaragoza; Abasolo, de Cuauhtémoc a Guerrero; y Degollado, de Cuauhtémoc a Bolívar.
Donde es más evidente la anomalía porque afectan el cómodo tránsito de la autobuses foráneos de pasajeros es toda la calle Guerrero, principalmente puntos de alto tráfico, es decir, desde Abasolo hasta Parás, pues toca punto neurálgicos como el ubicado de Colón a Allende.
También está Parás entre Guerrero y Bolívar; Galeana, de Cuauhtémoc a Escobedo; y por supuesto Mier y Terán, particularmente el tramo de Bolívar a Cuauhtémoc, donde la mayor parte del día hay vehículos de Telmex y otros particulares estacionados incorrectamente.
La lista es bastante extensa, pero un vistazo a esos lugares y el desórden imperante ahí dice claramente que ha sido nulo el trabajo tanto de Pablito como de su apreciado Secretario de Seguridad Pública y Tránsito que, acumulando el sueldo de sus escoltas y demás prestaciones, le cuesta al erario municipal (nuestros impuestos, pues) mucho más de 50 mil pesos mensuales.
Así el panorama, apuesto tronchado que, como no hay recursos propios para pagar un estudio de ingeniería, mucho menos para implementar el progama que el estudio proponga, aunado a que Salvador Sepúlveda Trejo parece no tener entre sus prioridades buscar resolver el caos del centro de la cabecera municipal, seguiremos, al menos por este año, padeciendo el problema de la anarquía en cuestión de vialidad. Salud.




